La criósfera no es estática: por qué la Ley de Glaciares debía actualizarse
02/03/2026Por Mg. Silvio Pastore – Los sistemas geológicos y ambientales forman un ciclo en constante movimiento, transformación y cambio. La idea de que la geología y la biota están en un equilibrio casi constante es falsa y tanto el aspecto físico como la vida en el planeta Tierra está en transformación continua, adaptándose a las condiciones actuales planetarias, geológicas, climáticas y recientemente (tiempos planetarios) antrópicas (humanas).
El ciclo hídrico es un excelente ejemplo de esto y el monitoreo constante de sus componentes nos permite entender mejor su funcionamiento y esbozar modelos de comportamiento futuro, con el fin de tomar decisiones con base en la ciencia, que permitan disminuir nuestra huella en la única casa común que poseemos.
Habiendo transcurrido 15 años desde la promulgación del Régimen de Presupuestos Mínimos para la Preservación de los Glaciares y del Ambiente Periglacial (Ley 26.639), hemos aprendido que estos ambientes están cambiando rápidamente -se están degradando- y que los glaciares han superado el pico de contribución hídrica en sus sistemas locales y regionales; especialmente en la zona de los Andes Desérticos (desde Jujuy hasta San Juan) y Andes Centrales (San Juan y Mendoza) de la República Argentina.
La distribución de los glaciares en el sector continental argentino es irregular, pero no caprichosa. A mayores latitudes y altitudes encontramos la mayoría de estas geoformas, donde la provincia de Santa Cruz posee el 59,30% (en área), muy por arriba de la segunda provincia, Mendoza, con 21,48%.
Los glaciares son geoformas de hielo (ambiente glacial) o con hielo (ambiente periglacial), que forman parte del paisaje austral y andino de nuestro territorio.
El ambiente glacial es el más estudiado y tenemos un conocimiento suficiente que nos permite realizar su monitoreo y entender su comportamiento -pasado y actual-, y proyectar el que pueden tener bajo distintos escenarios del clima futuro.
En cambio, el ambiente periglacial, específicamente en Argentina, involucra al permafrost: situación térmica del suelo que no significa, implícitamente, la presencia de hielo en el mismo, y su rol hídrico está en evaluación y discusión. En el sector continental argentino, tenemos permafrost de montaña, que implica que su distribución no es continua y que su mayor probabilidad de existencia se presenta en zonas altas, sombrías y, mayoritariamente, en laderas expuestas al este y sureste.
En este escenario, y en función de lo aprendido en estos quince años, una mejora en la ley de protección de glaciares no debe ser percibida como amenaza, sino más bien como oportunidad (según un análisis FODA).

La propia ley considera la necesidad de actualizar los estudios de glaciares quinquenalmente, reconociendo la dinámica de estos y la evolución del aprendizaje. Resta en todo caso definir el «cómo» y «quién» aprueba las futuras modificaciones del inventario, que implican la reclasificación y/o eliminación de geoformas inventariadas que no sean un glaciar o cuyo rol hídrico no sea de significancia.
Existe, a mi humilde entender, más de una opción de mejora de esta ley para que se adapte a las situaciones expuestas y permita el desarrollo de actividades mineras y petroleras en estos ambientes, sin desproteger los recursos hídricos estratégicos.
Las mismas deberán en todo caso respetar el espíritu de los legisladores al momento de su tratamiento y permitir un desarrollo de las comunidades en zonas remotas de nuestro territorio, sin comprometer un ambiente saludable a las generaciones presentes y futuras.
Una legislación moderna, flexible y dinámica es necesaria para disminuir los impactos socioeconómicos negativos producto del cambio del clima y el aumento de la población global. Pero ninguna ley será suficiente sin el cambio de hábitos de nuestra comunidad. No podemos fingir que todo está bien en nuestra casa común. Es necesario dejar de derrochar recursos.
Si creemos que la electromovilidad, la generación de energías limpias y/o una vida saludable son posibles sin minería, esta sería la peor forma de adaptarse. Debemos consensuar una manera posible de desarrollarnos, sin exclusiones, con respeto e igualdad ante la ley.
* El autor es presidente del Subcomité Ciencias de la Criósfera de la CNUGGI de Argentina. Director del Gabinete de Estudios de Geocriología, Glaciología, Nivología y Cambio Climático, Departamento de Geología-UNSJ. Director Científico, Inventario Provincial de Glaciares – Sistema Hídrico del Río San Juan.
Publicado por LOS ANDES DE MENDOZA.

